Inundaciones La Plata Andrea Verza

Andrea Verza fue una de las tantas colaboradoras que ayudo luego de las inundaciones pasadas en el año 2013

la plata inundaciones Andrea Verza

Las inundaciones del 2 de abril en La Plata dejaron secuelas que tardarán en cicatrizar. Numerosas víctimas fatales. Cuantiosas pérdidas materiales. Después de tres semanas en que la ciudad de a poco parece recuperarse, se reabren los debates sobre las causas de la tragedia, las posibilidades de haberla evitado y la necesidad urgente de repensar la planificación estratégica de la ciudad.

Responsabilidades políticas del gobierno

Los políticos de la nación, provincia y capital, intentaron mostrar que el Estado se hacía cargo de lo que en realidad no se había hecho cargo nunca. En el caso de La Plata había hace años informes que advertían lo que había que hacerse y en el caso porteño las inundaciones de siempre no dejaban otra alternativa que la construcción de obras clave. Nada se hizo. ¿Es solo por falta de fondos? No, el problema es que los políticos no quieren gastar plata en obras que quizás deban inaugurar otros. Historia repetida.

Allí, también hay una indelegable responsabilidad de la Casa Rosada. Debió pasar lo que pasó esta semana para que Cristina diga que se autorizarán todos los créditos necesarios para que los distritos puedan endeudarse para combatir las fatalidades que producen las inundaciones.

Mientras se seguían buscando desaparecidos y el número de muertos no estaba del todo claro, militantes kirchneristas con pecheras de La Cámpora repartían donaciones de la gente como si fuesen propias.

Entonces ella, como cada vez que se siente amenazada, se repliega sobre sus rasgos de personalidad y se vuelve autorreferencial: “Cuando era chica mi casa se inundó. Yo sé lo que es perder todo”. Cristina repite su error: cada vez que trata de empatizar con las víctimas, termina compitiendo por el dolor.

La previsión en la construcción de una ciudad

Porque mágicamente se levanta una torre donde antes había una casa, sin pensar antes que ahora -en esa misma superficie- funcionarán 40 baños en vez de uno, 40 cocinas en vez de una. Porque no hubo gobierno que no “barriera” a los pobres a las márgenes de los ríos y arroyos, a zonas imposibles de ser habitadas por ser inundables. En este sentido, el contador de muertos en la zona de Tolosa y Ringuelet es preciso: el agua llevó la vida de los más marginales en el más literal de los sentidos.

Andrea Verza comento luego de haber recorrido la ciudad de La Plata

La Plata necesita ayuda Andrea VerzaLes quería comentar que vengo de recorrer la ciudad de La Plata, de recorrer un barrio para saber que necesidades inmediatas tienen y la verdad es un panorama muy triste, esas personas han perdido todo y por un milagro muchos no perdieron sus vidas y las de sus familas.

Solo escucharlos como se salvaron se pone la piel de gallina, se necesita mucha contención ya que la estan pasando muy mal, les cuento algo estaban arriba del techo y absolutamente nadie ni bombero, ni policía ningún organismo respondio a los llamados de auxilio.

Son simples vecinos que, a la hora de la tragedia, no dudaron en poner en riesgo sus vidas para salvar la de otros. Muchos batallaron contra el agua y la tempestad, nadando en el mar bravío en el que se habían transformado las calles de La Plata. A caballo, sobre un carro; sobre un bote atados a una manguera contra incendios a la cintura, sacaron lo mejor de ellos. Otros abrieron las puertas de sus casas a simples desconocidos para alojarlos, confortarlos y mantenerlos a buen resguardo. Luis, Liliana, Bruno, Juan Pablo, Franco, Graciela, Fernando. Nombres. Tan sólo algunos nombres de los que, sin pensarlo, se transformaron en las caras heroicas de la triste y trágica jornada.

Andrea Verza contaba como un palo de escoba para marcar el camino y evitar peligros en una mano, la otra tirando de la soga de un metro y medio. Los chicos arriba del kayak y los padres a los costados por si alguno de los pequeños perdía el equilibrio. “La correntada era tan fuerte que se armaban cascadas en las esquinas. Por momentos el agua me llegaba al cuello”, cuenta Juan Pablo, que una vez rescatados los llevaba, con Jorge, un vecino que sumó otro kayak, hasta la delegación municipal que hay sobre la 7, hasta el club de Ringuelet donde también recibían evacuados.

En las idas y venidas se topó con mucha gente que no quería dejar las casas: las mujeres y los niños aceptaban irse con él, pero los padres, generalmente, quedaban arriba de los techos de las casas para quedarse a cuidar los pocos bienes materiales que les quedaban.

Pero el momento que al recordarlo aún lo conmueve es cuando se le dio vuelta el kayak con una beba de un mes de vida y su madre de unos quince, ahí a su lado: “Yo tiraba de adelante y el ruido del agua era tan ensordecedor en las esquinas que no escuchaba nada. Fueron los que caminaban al costado que agarraron al bebe”.

Andrea Verza

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